De mi derecho a perder el tiempo (… y a no perderlo)

 

Hoy en día, el verdadero lujo es el tiempo. Incluso en vacaciones, andamos siempre con prisas. Quizás sea cierto que el dinero puede comprar tiempo, sin embargo, cuanto más dinero tiene una persona, más ocupada parece estar.

Quizás sea por eso por lo que me molesta tanto que se haga perder el tiempo a nuestros técnicos con tonterías, con bagatelas de auditor, con esfuerzos absurdos que no sirven para nada.

Personalmente, si me dieran a elegir, creo que el mejor regalo, el mayor lujo que podría recibir no sería ni un yate, ni una gran mansión, ni un coche deportivo, creo que sería un año sabático.

Durante ese año, sacaría tiempo para leer sin prisas, para ver o volver a ver algunas buenas películas o para visitar algunos sitios que merece la pena conocer con calma: Florencia, Jerusalén, recorrer andando Milford Track, entre lagos, montañas y fiordos de la isla sur de Nueva Zelanda, hacer el Camino de Santiago con calma o visitar con tranquilidad algunos museos en los que, si hemos tenido el privilegio de entrar, solamente habremos estado unas pocas horas: el Museo Hermitage de San Petersburgo, los Museos Vaticanos de Roma o el mismo Museo del Prado… bueno, una año sabático y algo de presupuesto para viajar.

¿A qué me refiero con “visitar con tranquilidad”?… pues, si me lo permiten, dado que aún estamos en agosto y quizás, solamente quizás, dispongan de algo más de tiempo, trataré de explicárselo.

Por ejemplo, en el Museo del Prado hay dos cuadros de Tiziano a cuya historia merece la pena dedicarle un rato.

María de Hungría, nacida María de Habsburgo y conocida en España como “María de Austria”, nació en Bruselas en 1505, hija de Felipe “el Hermoso” y Juana “la Loca”, siendo la tercera de los seis hijos que tuvo la pareja.

Era 5 años más pequeña que su hermano, Carlos, que fue coronado en 1516, con 16 años, rey de España y con 20 emperador de Alemania (corona que se llamaba entonces del Sacro Imperio Romano-Germánico). Ella, en 1521, también con 16 años, fue casada con Luis II de Hungría, en el marco de la política de alianzas matrimoniales, tan propia de la época.

Contra lo que cabía esperar en un matrimonio así, a María y Luis les fue muy bien juntos. Ambos eran jóvenes, el rey era 10 meses menor que su esposa, y ambos eran cultos, educados, hablaban varios idiomas y gustaban del arte, la música y el baile. Dicen las crónicas que se enamoraron.

Sin embargo, aquella felicidad no duraría. Las posesiones del rey, el reino de Hungría, y el de Bohemia, que hoy es la mayor parte de la actual república Checa y una porción del sur de Polonia, se enfrentaban a la enorme pujanza de la invasión turca que, bajo el reinado de Solimán el Magnífico, había ocupado todos los Balcanes, entrando en Belgrado en 1521, y avanzaba hacia el norte, por el Danubio, en dirección a Budapest.

Luis II se enfrentó a los turcos en los llanos de Mohacs en agosto de 1526, cerca de donde hoy en día el río cruza la frontera con Croacia. La batalla apenas duró un par de horas. Fue una carnicería, la derrota de los húngaros completa y el propio rey murió en los combates.

María, viuda con 21 años, sin hijos y hermana del emperador de Alemania, era una candidata ideal para un nuevo matrimonio, para una nueva alianza, pero ella pidió a su hermano que respetara su viudez y el emperador, sabiendo de su capacidad, le pidió que gobernara en su nombre los Países Bajos, donde la reforma protestante y el desapego de la nobleza con la monarquía española, ya “demasiado” española a su parecer, comenzaban a revolverse.

María se instaló en Flandes en 1531 y, a pesar de que los 25 años que permaneció en el cargo de gobernadora fueron de una enorme inestabilidad en Europa, incluyendo cruentas guerras entre el emperador y el rey de Francia, demostró ser una gran gobernante, que sabía escuchar, que conciliaba diversas opiniones, que comprendía a sus oponente, incluso en una materia tan delicada como la religiosa (Martín Lutero le dedicó uno de sus libros) y que fue capaz de decir que no, cuando era necesario, incluso a su propio hermano.

En 1545, sobre un antiguo castillo condal en la ciudad de Binche, al sur de Bruselas, la reina gobernadora manda construir un suntuoso palacio que pretendía destinar a celebrar grandes fiestas y encarga al gran pintor veneciano Tiziano una serie de cuatro cuadros de una temática muy concreta y un tanto extraña. Los cuadros se titularon Ticio, Tántalo, Sisifo e Ixión.

A pesar de que el palacio fue destruido completamente por los soldados franceses en 1554 y de que los cuadros Tántalo e Ixión se quemaron en el gran incendio del alcázar real de Madrid en 1734, donde hoy se levanta el Palacio de Oriente, tenemos una descripción detallada del lugar y de los lienzos, por las crónicas del viaje de Carlos y su hijo y heredero, Felipe, a los Países Bajos, que incluye la gran fiesta celebrada en el palacio en 1549, entonces recién terminado.

Los cuatro cuadros tenían como protagonistas a personajes de la mitología castigados en el Hades, en el infierno, por revelarse contra los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre para siempre; Tántalo, condenado a procurarse en vano alimento y bebida sin poder saciarse nunca; Sísifo, fundador y rey de Corinto, obligado a cargar con una roca hasta la cima de una montaña que siempre volvía a caer e Ixión, que había tratado de seducir a la diosa Juno, por lo que fue condenado a dar vueltas sin fin sobre una rueda.

Hasta entonces, los Habsburgo solamente habían encargado retratos a Tiziano y, siendo María la clienta, es evidente que nada era casual, ni la elección de la temática y ni la de la sala, destinada a celebrar grandes fiestas a las que acudiría habitualmente la nobleza flamenca, tan dada a revelarse en aquellos años. El mensaje estaba allí y, viniendo de quién venía, estaba bien claro.

En mi opinión, la condena de Sísifo es la peor de todas ellas. Trabajar, para siempre y para nada.

En lo que, a todas luces era una idea un tanto absurda, pero quizás entendible en una época pre-Internet, el artículo 10 del Real Decreto 1078/1993, que regulaba la comercialización de preparados de productos químicos clasificados como peligrosos, estableció que una copia de cada Ficha de Datos de Seguridad de cada producto comercializado en España debía enviarse al Ministerio de Sanidad. Y, no sólo eso, era obligatorio enviar una copia de cada nueva versión que se emitiera.

¿Se imaginan el volumen de información que eso supone?… cientos de miles, millones quizás, de hojas de papel, CDs y pendrives se mandaron al ministerio sin ningún sentido, con el único fin absurdo de acumularse en una habitación.

El RD1078 ya no está en vigor. Pero, la Administración en España parece que no entiende que el problema del manejo de la información no sistematizada no es un problema de formato. La disposición adicional primera, del Real Decreto 1802/2008, por el que se modificó la normativa interna para adaptarla al Reglamento CLP insiste en el error:

Disposición adicional primera. Ficha de datos de seguridad.
[…]
2. El proveedor […], deberá asimismo, antes de la comercialización de esa sustancia o preparado, entregar una copia de la misma al Ministerio de Sanidad y Consumo. Éste la mantendrá a disposición del Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino y de las comunidades autónomas que la soliciten.
Dicha Ficha se presentará preferiblemente de forma electrónica a través de los mecanismos que la Administración facilite para este fin.

E incluso pusieron en marcha una dirección de email para enviarlas:  “Con el fin de facilitar esta obligación, se ha creado un buzón de correo electrónico (fspqp@msssi.es) donde podrán ser remitidas tales documentos

A esa dirección, las empresas siguen enviando las fichas para nada. Porque, en la era de Internet, si el Ministerio de Medio Ambiente, las comunidades autónomas o la reina gobernadora de los Países Bajos quieren una Ficha de Datos de Seguridad, acuden a la página web de la empresa misma o se la piden.

Ahora bien, si me preguntan si es obligatorio enviarlas, sí, lo es y lo sigue siendo. Y no esperen acuse de recibo, hace mucho tiempo que ni siquiera se recibe eso.

Casi cada cuadro del Museo del Prado tiene una historia parecida, solamente hay que tener tiempo para conocerlas… tiempo que, por desgracia, casi no tenemos.

Será quizás por eso que, en mi opinión, Sísifo tuvo la peor de las condenas. Trabajar para siempre y para nada. Y esa es la sensación que a veces tienen nuestros técnicos… y desde hace mucho tiempo.

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El Futuro es para Valientes I (Ley de Administración Ambiental)

Hace un par de meses viví un incidente, en el siempre entretenido proceso de la educación de una hija adolescente, que me hizo pensar que, por un lado, quizás, no lo estemos haciendo mal y, por otro, que, por muy “actual” que uno se sienta, el cambio de valores generacional es inevitable…  un cambio, generalmente, para bien.

El caso es que, un fin de semana de principio de primavera, mi hija de 13 años había quedado con sus amigas y amigos para, comprar unas chuches y dar una vuelta por el barrio. Sentarse en un banco de la plaza y charlar, mientras comen pipas. Vamos, lo mismo que hacíamos nosotros, con 13 años… pero con los móviles siempre en la mano.

Como es habitual, quedamos en que la recogeríamos, a ella y a dos de sus amigas, a las 21:00 h, ya anochecida la tarde. Cuando quedaban apenas 5 minutos para la hora fijada y ya nos habíamos despedido de los amigos con los que nos habíamos tomado un café, suena una llamada en mi móvil:

– ¿Aita?
– Sí, dime.
– Que vamos a llegar un poco más tarde.
– ¿Ha habido algún problema?
– No, bueno, es que se quedaban solos Gorka y Mikel y, como les daba miedo ir hasta el metro, les hemos acompañado.
– ¿Estáis vosotras acompañando a los chicos?… pero, luego vosotras tenéis que volver.
– Sí, claro, pero es que nosotras somos tres, somos más…

En ese instante se me ocurrieron muchos chistes, muchas frases sarcásticas, que incluían expresiones como “cobardicas”, “cagaos” o “menudos machotes”… y otras inconveniencias, propias de la generación a la que pertenezco. Pero cuando estaba a punto de decir alguna de ellas, otro pensamiento cruzó por mi mente: “esto es exactamente para lo que les estamos educando, tanto a las chicas, como a los chicos” y sólo acerté a decir:

– ¿Voy a buscaros yo hasta allí.
– No, aita, no hace falta. Ya estamos volviendo.

 

La valentía de los chicos para proteger a las chicas era un valor en mi generación. Personalmente, yo me hubiera muerto antes de confesarle a una chica que tenía miedo y que necesitaba que me acompañara y, sin embargo, mi hija y sus amigas ven natural, obvio, que, si ellas son más, les acompañen.

¿Ha dejado de ser la valentía un valor en nuestra sociedad?… no exactamente. Lo que, por suerte, o porque estamos haciendo bien las cosas, ha dejado de ser una convención social es que las chicas son débiles y necesitan protección, porque la valentía, el arrojo, siguen siendo necesarios para emprender, para innovar, para tratar de aplicar soluciones nuevas, a problemas antiguos. Es otro tipo de valentía, no asociada a la tradicional y casposa “hombría”. Es el tipo de valor que hace falta para que cambie el mundo.

Hace unas semanas, a finales de mayo, la vice-consejería de medio ambiente del Gobierno Vasco presentaba el borrador del anteproyecto de Ley de Administración Ambiental, uno de los ejes normativos esenciales sobre los que debe rodar la Sostenibilidad de la Comunidad Autónoma Vasca para las próximas décadas.

El caso es que, tras una lectura pausada y contrastar el texto con abogados y técnicos, queda una sensación que podría resumirse con la frase: “¿Esos es todo?

Llevamos mucho tiempo esperando este borrador. Hemos oído muchas veces, desde hace casi 20 años, a los consejeros y consejeras que se han ido sucediendo, reconocer que el sector industrial es el agente que más y mejor ha trabajado por mejorar su balance ambiental en las últimas décadas y asegurando que la propia Administración tenía que acompañar esa mejora, modernizando sus procesos y acompasándolos a los ritmos que la industria necesita.

La semana pasada me llamó una de nuestras mejores técnicos de medio ambiente para consultarme los trámites para desmontar y clausurar todo el proceso productivo de la planta, en este caso una planta no-IPPC. A partir de septiembre, únicamente funcionará distribución, almacén y laboratorio de asistencia a los clientes. Todo se fabricará fuera.

– Pero… si hace seis meses que presentasteis la solicitud de ampliación de la instalaciones, con el Tech Center y todo. ¿Qué ha pasado?.
– Pues eso, han pasado seis meses. Seis meses en los que la planta de Eslovenia ya tiene todos los permisos en regla y se lleva la inversión. 

 

Todos los Departamentos de Medio Ambiente, desde hace 20 años, han basado la mejora de la eficiencia de los procesos del departamento en tres ejes fundamentales: informatización, co-responsabilidad público-privada y la transparencia, como mejor garantía del acceso universal a la información medioambiental.

El borrador del anteproyecto de ley presentado es una norma técnicamente muy correcta, con algún que otro ajuste necesario, pero bien estructurada. Vuelve a apostar, como no podía ser de otra forma, por esos tres ejes, pero repitiendo los mismos esquemas y procesos que se han demostrado fracasados, o al menos claramente insuficientes, durante todos estos años… es más de lo mismo. Es un proyecto carente de la necesaria valentía… es un proyecto, si me lo permiten un poco cobarde.

Un ejemplo: en el eje destinado a incrementar la co-responsabilidad público privada, la norma anuncia su intención de retomar el sistema de Entidades de Colaboración Ambiental (ECAs), que ya fracasó hace unos años y que se basa en la intervención previa de una entidad privada, pagada por el promotor, que de fe de que la documentación de la solicitud que se presenta es correcta y completa.

Como sucedería con la instauración de un sistema de tasas, es una medida que para la industria resulta un poco irritante. Pagar a cambio de eficacia administrativa, uno de los principios fundamentales de actuación de la Administración Pública, algo teóricamente asegurado por la ley, resulta un tanto molesto, pero, si a cualquier industrial se le asegura una respuesta a su solicitud de licencia en 15 días, por ejemplo, y los precios son razonables, la inmensa mayoría pagaría de mil amores.

Ese sistema sólo puede funcionar si se produce una efectiva trasferencia de responsabilidad del sector público al privado, de modo que, la autoridad competente se limite a sellar y archivar la documentación que reciba, que venga con el visto bueno de la ECA porque, si se hace una nueva revisión de la misma por parte del órgano administrativo, estaríamos en una situación aún peor que la de partida, pues, además de pagar, a los plazos iniciales habría que sumar los de la ECA y no se ahorraría ni un minuto en el trámite oficial. Creo que aquellos que hayan tramitado expedientes de suelos contaminados en los últimos años, saben a qué me refiero, porque, si algo he aprendido en estos años de trabajar con la industria es que, a pesar de la fama que llevamos los abogados, juntas a tres técnicos expertos para decidir si un proyecto es “correcto y completo” y pueden pasarse días discutiendo, sin llegar a ningún acuerdo.
Pero, con eso mimbres puede hacerse un buen cesto… ahora bien, para este trabajo concreto es necesario un cestero o cestera con valentía. 

¿Cuál sería una apuesta valiente en el eje de la co-responsabilidad público privada, en esa trasferencia de responsabilidad administrativa hacía entidades privadas que realmente sirviera para modificar el status quo en las tramitaciones administrativas?…pues, por ejemplo, que la auditoría EMAS se homologará con las inspecciones IPPC, de modo que una empresa verificada con EMAS,  no tendría que ser visitada por funcionarios públicos, salvo en situaciones excepcionales.

¿Otra?, que, en el proceso de revisión, una empresa verificada EMAS pudiera escribir su propia autorización ambiental, integrada (o unificada, tanto da). Hacer una propuesta de límites, en principio voluntarios, que el auditor garantizara que cumplen con la normativa general y que son adecuados para el caso concreto, tanto desde el punto de vista de la mejor tecnología disponible, como respecto al medio receptor, de modo que, la mera recepción y archivo del texto de la autorización por parte de la Autoridad Ambiental, convertiría esos valores en obligatorios.

¿Más?, las modificaciones que se plantee una empresa con AAI o AAU será únicamente valoradas por el auditor EMAS de la empresa y la Autoridad Ambiental se limitará a archivarlas, tomar nota y autorizar la modificación de las autorizaciones que pudiera derivar de una modificación sustancial.

¿Sigo?, las empresas verificadas EMAS estarán exentas de presentar cualquier declaración responsable porque incorporarán todas las que correspondiera durante el año en la publicación de su Declaración Medioambiental.

¿Una más?, una empresa verificada EMAS, cuyos procedimientos de autocontroles ambientales, realizados en su propio laboratorio, hayan sido auditados, será tratada como un organismo de colaboración a esos efectos, es decir, no requerirá de OCA para sus controles de emisiones o vertidos.

Con medidas como estas, destinadas a empresas ya en marcha, no conseguiríamos, al menos directamente, reducir los plazos administrativos de un proyecto nuevo ya que, obvia decirlo, antes de arrancar, una empresa no está verificada con EMAS, pero, medidas como esta podrían servir para que los recursos del Departamento se reasignaran y, en lugar de dedicar tiempo y esfuerzo a controlar empresas y profesionales que no necesitan control, podrían dedicarse a acelerar gestiones iniciales y a perseguir verdaderos incumplidores y otros piratas ambientales que, como las meigas, haberlos, haylos….

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