La industria química española ha vuelto a situarse en 2025 entre los sectores con mejores indicadores de seguridad laboral de España, consolidando una tendencia sostenida de reducción de la siniestralidad gracias a décadas de inversión en prevención, formación y mejora continua de los procesos industriales.
Así lo refleja el último Informe de Siniestralidad Laboral elaborado por Federación Empresarial de la Industria Química Española, que confirma que el sector químico mantiene unos niveles de accidentabilidad muy inferiores a los del conjunto de la economía española y también a los de otras actividades industriales tradicionalmente consideradas de mayor riesgo.
El dato más significativo del informe es el Índice de Incidencia, que en 2025 se sitúa en 9,34 accidentes con baja por cada mil trabajadores, frente a una media nacional de 28,86. Esto significa que la siniestralidad en la industria química es aproximadamente tres veces menor que la del conjunto del mercado laboral español.
La diferencia resulta todavía más llamativa si se compara con otros sectores productivos. Mientras la construcción registra un índice de 69,39 y el sector agrario alcanza 46,62, la industria química mantiene unos niveles de accidentabilidad especialmente reducidos. Incluso frente a la media del conjunto de la industria, situada en 47,21, el sector químico presenta cifras cinco veces inferiores.

Cultura preventiva consolidada
Estos resultados no responden a una situación coyuntural, sino a un modelo preventivo muy consolidado dentro del sector químico, donde la seguridad laboral forma parte de la propia gestión industrial y de la cultura corporativa de las compañías.
La implantación de estándares internacionales de seguridad, programas de mejora continua y sistemas voluntarios como Responsible Care han permitido desarrollar entornos industriales altamente controlados, con procedimientos muy exigentes en materia de prevención, formación y evaluación de riesgos.
El informe muestra además que los accidentes directamente relacionados con sustancias químicas peligrosas representan únicamente el 8% del total de incidentes registrados. Un dato especialmente relevante si se tiene en cuenta la naturaleza de la actividad y que refleja el elevado nivel de control alcanzado en los procesos industriales y en las medidas de protección implantadas en las plantas químicas.
De hecho, la mayor parte de los accidentes registrados responde a riesgos comunes presentes en prácticamente cualquier actividad industrial o logística, especialmente aquellos vinculados a factores ergonómicos y mecánicos.
Sobreesfuerzos, caídas y lesiones musculares
Según el análisis estadístico, el 23% de las lesiones tiene su origen en sobreesfuerzos físicos sobre el sistema musculoesquelético, mientras que buena parte de los accidentes se produce durante actividades cotidianas como caminar, subir o bajar escaleras o manipular objetos.
Entre las desviaciones previas más habituales aparecen los resbalones, tropezones o movimientos no coordinados, lo que acerca el perfil de la accidentabilidad química al de otros entornos industriales modernos donde los grandes riesgos tecnológicos están cada vez más controlados.
Las lesiones más frecuentes son esguinces, torceduras y contusiones, mientras que las quemaduras químicas tienen actualmente una incidencia muy reducida dentro de las estadísticas globales del sector.
El estudio revela también que el 83% de los accidentes se produce dentro del centro de trabajo habitual, principalmente en zonas de producción, talleres o áreas fabriles, mientras que un 13% corresponde a accidentes “in itinere”, es decir, durante los desplazamientos al trabajo.
Seguridad como factor de competitividad
La evolución de estos indicadores confirma cómo la seguridad se ha convertido en uno de los principales factores de competitividad y sostenibilidad para la industria química.
En un sector altamente regulado, tecnológico y sometido a elevados estándares internacionales, la prevención ya no se entiende únicamente como una obligación normativa, sino como una herramienta clave para garantizar la continuidad operativa, proteger a las personas y reforzar la confianza social en la actividad industrial.
La mejora continua de la seguridad laboral se apoya además en la formación permanente de las plantillas, la digitalización de procesos, la automatización industrial y la incorporación constante de nuevas tecnologías orientadas a minimizar riesgos.




